De conectar bancos a conectar infraestructuras: el nuevo reto de SWIFT

Durante décadas, uno de los grandes retos del sistema financiero fue conseguir que entidades de distintos países pudieran comunicarse de forma segura, estandarizada y eficiente.

SWIFT nació precisamente para resolver ese problema.

Más de cincuenta años después, el reto empieza a ser otro. Los bancos siguen necesitando estar conectados entre sí, pero ahora también tienen que desenvolverse entre un número creciente de infraestructuras, tecnologías y nuevas formas de representar y mover dinero y activos.

Pagos instantáneos, nuevas infraestructuras regionales, plataformas DLT, activos tokenizados o depósitos tokenizados amplían las posibilidades del sistema financiero…y, a su vez, aumentan su complejidad.

La cuestión ya no es únicamente cómo desarrollar nuevos ecosistemas, sino cómo conseguir que todos ellos puedan convivir.

EL RIESGO DE CREAR NUEVOS SILOS

La innovación financiera está avanzando en múltiples direcciones al mismo tiempo.

Los sistemas tradicionales de pagos, compensación y liquidación conviven ya con infraestructuras de pagos instantáneos y empiezan a hacerlo también con plataformas basadas en DLT y nuevos modelos de representación digital de dinero y activos.

Es difícil pensar que una única tecnología o una única red vaya a sustituir todo lo anterior.

Durante bastante tiempo, las entidades financieras tendrán que operar entre ambos mundos. Y ahí aparece una paradoja.

Una nueva infraestructura puede resolver de forma muy eficiente un determinado caso de uso, pero también puede convertirse en un nuevo silo si no puede comunicarse de manera sencilla con el resto del ecosistema.

Tokenizar un activo es solo una parte del problema. Ese activo tendrá que comprarse, venderse, liquidarse, custodiarse y gestionar sus eventos. Y el dinero, los activos y los participantes implicados no necesariamente estarán en la misma infraestructura.

Para las entidades, el desafío pasa entonces de adoptar una nueva tecnología a operar entre varias tecnologías al mismo tiempo sin multiplicar conexiones, procesos y costes.

EL PAPEL DE LA INTEROPERABILIDAD

Es en este escenario donde el papel de SWIFT está evolucionando.

Durante décadas, su principal aportación ha sido conectar a la comunidad financiera mediante una infraestructura, estándares y reglas compartidas.

Ahora el desafío es extender esa conectividad a ecosistemas que utilizan tecnologías, modelos operativos y formas de representar los activos diferentes.

No se trata necesariamente de que una infraestructura sustituya a otra. Se trata de conseguir que puedan interactuar.

La interoperabilidad adquiere así una dimensión mucho más amplia que la simple conectividad tecnológica. Requiere que la información pueda desplazarse entre sistemas y seguir siendo entendida y procesada correctamente, pero también resolver aspectos relacionados con identidad, seguridad, cumplimiento, gobernanza y modelos operativos.

Y esto es especialmente relevante para las entidades financieras.

Si cada nueva plataforma requiere una integración específica, nuevos procesos y nuevas capas operativas, parte del valor que promete la innovación puede acabar perdiéndose en complejidad.

El objetivo debería ser el contrario: incorporar nuevas capacidades sin reconstruir continuamente la infraestructura que las conecta.

ISO 20022: UN LENGUAJE COMÚN EN UN ECOSISTEMA MÁS COMPLEJO

En este contexto, ISO 20022 sigue desempeñando un papel fundamental.

SWIFT e ISO 20022 suelen aparecer juntos, pero cumplen funciones diferentes. SWIFT proporciona infraestructura y servicios de conectividad para la comunidad financiera; ISO 20022 proporciona un modelo común para estructurar la información que intercambian los distintos participantes.

Y su importancia no se limita a la migración desde los mensajes MT.

ISO 20022 se utiliza en pagos, valores, cash management, corporate actions y otras áreas de la operativa financiera, permitiendo trabajar con información más rica y estructurada.

Ahí está buena parte de su valor. Cuanto más diverso sea el ecosistema tecnológico, más importante será disponer de modelos de información que permitan a sistemas diferentes interpretar los datos de una forma consistente.

El paso a ISO 20022 no debería entenderse únicamente como un cambio de formato. Su verdadero potencial está en lo que permite hacer después con el dato: automatizar procesos, mejorar reconciliaciones, reducir excepciones y facilitar que la información pueda reutilizarse a lo largo de distintos procesos.

DE LAS PRUEBAS A INFRAESTRUCTURAS REALES

SWIFT lleva varios años explorando precisamente cómo aplicar esta idea de interoperabilidad a nuevos ecosistemas.

Junto con bancos, custodios, infraestructuras de mercado y proveedores tecnológicos ha realizado pruebas para conectar redes blockchain con sistemas financieros tradicionales y permitir operaciones entre distintas infraestructuras.

Entre los casos explorados se encuentran transferencias entre redes, suscripción y reembolso de fondos tokenizados, liquidación Delivery versus Payment de bonos digitales y diferentes escenarios relacionados con CBDC.

La lógica detrás de estos proyectos es relevante: evitar que cada entidad tenga que desarrollar una integración diferente con cada nueva plataforma.

Pero durante los últimos meses este proceso ha dado un paso especialmente significativo.

En julio de 2026, Swift anunció que su ledger basado en blockchain estaba preparado para su uso inicial y que 17 bancos de seis continentes se disponían a pilotar transacciones reales utilizando depósitos tokenizados, con el objetivo de facilitar pagos transfronterizos 24/7 y mejorar la eficiencia de la liquidez.

El planteamiento es interesante también por cómo se integra con la infraestructura existente.

Swift operará el ledger, mientras que las entidades mantienen el control sobre los activos y la financiación y la liquidación continúa realizándose fuera del ledger a través de las infraestructuras existentes.

No plantea, por tanto, empezar de cero. Plantea incorporar una nueva capa dentro de un ecosistema financiero que seguirá apoyándose en múltiples infraestructuras.

Y probablemente esa convivencia entre lo nuevo y lo existente sea mucho más representativa del futuro próximo del sector que cualquier escenario basado en la sustitución completa de las infraestructuras actuales.

 

LA TECNOLOGÍA NO ES LA ÚNICA BARRERA

Hay otro elemento que a veces queda en segundo plano cuando hablamos de innovación financiera.

La tecnología puede desarrollarse relativamente rápido.Conseguir que miles de entidades operen bajo unas mismas reglas es bastante más difícil.

Y ahí SWIFT cuenta con un activo que no se construye de un día para otro: su comunidad.

Bancos, bancos centrales, custodios, infraestructuras de mercado, gestoras, brokers y grandes corporaciones llevan décadas colaborando alrededor de estándares, prácticas y mecanismos comunes.

Esa experiencia puede tener un valor especial en el entorno que se está formando.

Para que la tokenización, los activos digitales o cualquier nueva infraestructura financiera alcancen escala no basta con resolver técnicamente una transacción.

También hacen falta reglas compartidas, seguridad, estándares, cumplimiento, gobernanza y suficiente adopción por parte de la industria.

Por eso, cuando pensamos en el papel futuro de SWIFT, quizá sea un error mirarlo exclusivamente desde la tecnología.

Su capacidad para movilizar a una comunidad global alrededor de problemas comunes puede ser igual de importante.

¿QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO PARA LAS ENTIDADES FINANCIERAS?

Para los bancos, esta evolución abre oportunidades, pero también plantea decisiones importantes.

Cada vez será menos habitual trabajar dentro de un único entorno tecnológico claramente delimitado.

Una misma entidad puede tener que convivir con infraestructuras tradicionales, pagos instantáneos, nuevos modelos de mensajería, activos tokenizados o futuras infraestructuras digitales.

El reto será incorporar esas posibilidades sin perder control sobre la operativa. Eso implica pensar en interoperabilidad, pero también en arquitectura, modelos de datos, trazabilidad, reconciliación, seguridad y capacidad para integrar nuevas infraestructuras sin generar continuamente nuevas conexiones punto a punto.

En ARENA llevamos años trabajando precisamente en esa intersección entre conocimiento financiero y tecnología: pagos, SWIFT, ISO 20022, valores, corporate actions, collateral, reconciliación, reporting e integración de infraestructuras.

Y una conclusión aparece cada vez con más claridad en los proyectos de transformación: añadir una nueva tecnología no elimina la complejidad anterior.

La verdadera transformación consiste en conseguir que lo nuevo pueda convivir con lo que ya existe de una manera controlada, trazable y eficiente.