EMIR Refit: del ajuste normativo a la realidad operativa
La reforma conocida como EMIR Refit marcó un punto de inflexión en la regulación europea de los mercados de derivados. Nacida como una actualización del Reglamento Europeo de Infraestructura del Mercado (EMIR), su finalidad fue mejorar la calidad de los datos reportados, reforzar la transparencia y facilitar la supervisión del riesgo financiero. Sin embargo, esta modernización no llega sin costes: para las entidades obligadas a reportar, EMIR Refit supone un importante desafío técnico y operativo.
Uno de los primeros obstáculos es el incremento significativo del número de campos obligatorios, que pasa de 129 a 203. Este aumento obliga a las entidades a capturar información más detallada sobre cada operación, no solo en el momento inicial, sino también a lo largo de toda su vida. Las modificaciones contractuales, cancelaciones, novaciones o transferencias deben quedar reflejadas en el sistema. El reporte deja de ser un acto puntual para convertirse en un proceso continuo, lo que exige mayor trazabilidad interna y controles más complejos.
A este cambio se suma la obligación de utilizar el estándar ISO 20022 XML como formato único de comunicación. Aunque este estándar aporta coherencia y facilita la interoperabilidad entre sistemas, su implementación técnica es exigente. Muchas entidades han tenido que rediseñar sus plataformas internas para traducir sus datos a una estructura mucho más rígida. En este nuevo entorno, pequeños errores en la construcción del mensaje pueden provocar el rechazo completo del reporte, aumentando la presión sobre los procesos de validación y control de calidad.
Otro reto importante es la gestión de los identificadores únicos. El UTI (Unique Trade Identifier) debe ser acordado entre las dos contrapartes de la operación, mientras que el UPI (Unique Product Identifier) debe asignarse correctamente según el tipo de derivado.
Esto implica una coordinación constante entre entidades con infraestructuras tecnológicas distintas y ritmos operativos no siempre sincronizados. Cualquier fallo en estos identificadores puede generar duplicidades, inconsistencias o rechazos por parte de los repositorios.
Además, EMIR Refit introduce la obligación de reportar no solo operaciones, sino también eventos asociados a ellas mediante campos específicos como Event Type y Action Type. Esto convierte el sistema de reporte en una especie de historial completo del contrato, similar a un expediente que recoge cada cambio relevante. La complejidad operativa aumenta, ya que los sistemas deben ser capaces de distinguir entre operación inicial, modificación, cancelación o corrección de errores.
La responsabilidad sobre la calidad de los datos también se incrementa. Las entidades ya no solo deben reportar, sino que están obligadas a detectar y comunicar errores significativos a las autoridades competentes. Esto exige procesos internos de reconciliación más sofisticados y una vigilancia constante sobre la información enviada a los repositorios.
Este nuevo marco afecta a contrapartes financieras, contrapartes no financieras, repositorios de operaciones y autoridades supervisoras, incluida la ESMA. Todos ellos deben adaptarse a un sistema más estructurado y exigente, donde la coherencia de los datos es tan importante como su volumen.
En conclusión, EMIR Refit representa una mejora necesaria para lograr un mercado de derivados más transparente y supervisable. Sin embargo, su implementación supone un desafío técnico considerable. El aumento de campos, la adopción de ISO 20022, la gestión de identificadores únicos y el seguimiento completo del ciclo de vida de los contratos obligan a las entidades a evolucionar tecnológicamente.
La regulación no solo cambia las reglas del juego, sino también la forma en que los sistemas financieros gestionan y entienden sus propios datos.
Teniendo en cuenta todos estos cambios, el primer año post-Refit ha sido un período de adaptación, en el que se han ajustado procesos y se han consolidado aprendizajes clave. En este 2026, la supervisión va a ser mucho más estricta y velará porque la regulación se cumpla, aplicando sanciones cuando corresponda.
R2E ARENA
En ARENA hemos puesto el foco en ayudar a las empresas del sector energético —en particular a los IPPs y a los desarrolladores de energías renovables— que trabajan con derivados OTC como PPAs financieros, forwards y swaps.
Las acompañamos en su operativa diaria para que la creciente complejidad regulatoria no se convierta en una carrera de obstáculos: menos sobrecarga operativa, menos errores recurrentes y menos riesgo regulatorio.
Porque cumplir con la normativa es obligatorio; hacerlo de forma eficiente, es una ventaja competitiva.